Hace tiempo que no estoy activa en redes sociales y no es porque me haya olvidado del mundo. Es porque he tenido durante los últimos meses que atender por enfermedad a un familiar muy directo, en concreto mi madre.

Doy gracias que se está recuperando como se recuperan las personas mayores, de una forma que sabes que cuando algo es crónico ya nunca desaparecerá. Aún así, me siento feliz y con ganas de retomar desde ya mi vida personal y profesional.

Este no es el motivo por el que estoy escribiendo este post, porque familiares enfermos, por desgracia todos hemos tenido, tenemos o tendremos. Y yo no soy diferente.

Me lo he pensado mucho, mucho. Soy reservada por naturaleza y hablar desde tan hondo, pues cuesta. Pero a través de mi experiencia más personal quiero dar voz a muchas personas que no tienen acceso a las redes sociales ni a ningún canal de comunicación y por tanto son “invisibles”

Por eso, quiero hacer una mención a la palabra CONCILIACIÓN. ¿Qué entendemos por conciliación?

Sin entrar en temas legales ni laborales, que hay personas que nos pueden ilustrar ampliamente sobre ello, lo que yo siempre he entendido por conciliación es poder darle importancia a todas las patas que tiene nuestra vida, sin que se desvirtúe ninguna: trabajo, ocio, familia, economía.

Y, al menos yo, cada vez que escucho la palabra conciliar siempre aparecen niños de por medio. Padres y madres que que tienen que hacer encaje de bolillos para poder llegar a todo y ser buenos padres, buenos hijos, buenos amigos, etc. Padres y madres que sin la ayuda de los abuelos sería imposible.

Y todos entendemos a estas personas, incluso los que no tenemos hijos, que también conciliamos.

Pero… ¿quién escucha ó lee sobre los malabares que tienen que hacer las personas que cuidan a sus mayores? Muchas veces mayores enfermos y dependientes, cada uno en su grado: noches sin dormir, horas en urgencias una y otra vez, hospitales, pruebas médicas y mil trámites que ni te lo imaginas cuando no te pasa. Además de la angustia y desasosiego que te crea la situación. Las ayudas municipales o autonómicas pueden tardan como mínimo un año, según mis trámites personales. Si es que te la conceden, porque la demanda en unos años ha aumentado exponencialmente. Al menos en mi comunidad autónoma.

Volviendo a mi experiencia, en mi caso y por decisión propia me he apartado del mundo durante un pequeño tiempo para cuidar a mi madre.

Por desgracia mi padre murió joven y de repente. Y mi madre es viuda desde hace 40 años. Ha trabajado lo que no está en los escritos para sacarnos adelante a mi hermano y a mi, a dos niños bien pequeños que éramos entonces. Y me sigue ayudando, apoyando, ilusionando en todos los momentos de mi vida. ¿Cómo no voy a dedicarle unos meses en cuerpo y alma? Eso lo hacemos casi todos, casi, porque sé de un caso que dejaron a la anciana en la sala de observación en el hospital, estaba junto a mi madre, y sólo quería que la ingresaran porque sus hijos la habían dejado allí enferma para irse de viaje en Navidad. Esto es real. Pero eso ya es la conciencia de cada uno. Y no es el tema.

Mi tema es que pensemos la dureza de esas personas que además de trabajar todo el día, de lo que sea… van a sus casas y tienen a sus mayores enfermos y no pueden CONCILIAR, no pueden ni ir una tarde al cine. Ni hacer lo que nos parezca como más básico. No tienen nada de tiempo. Y probablemente nada de ganas, ni de ilusión que para mí es lo peor.

Porque seguro que habrá muchas personas como yo que la implicación es de tal magnitud que se te olvida todo, absolutamente todo. El mundo se para y avanza al lento paso de ellos. Se para tu vida personal y profesional también. La personal fíjate que me da un poco igual. Tengo necesidades pero son aplazables, pueden esperar. Pero la vida profesional no espera, no entiende de circunstancias. Es una vida que avanza a un ritmo que da vértigo. Y si te la estás creando con mucho esfuerzo, pues por ahí puede venirte el mayor de los problemas. Dicen que en seis semanas de inactividad en redes sociales la gente se olvida de tí. Tan sólo seis semanas, mes y medio.

No merezco ningún reconocimiento, ni tampoco lo busco. No he hecho nada diferente a lo que haría la mayoría de la gente en mi situación. Sólo me gustaría que cuando escuchemos la palabra CONCILIACIÓN pensemos también en ellos y ellas. En tantas personas anónimas que la única vida que tienen son su trabajo, en el mejor de los casos, y cuidar a sus mayores.Y esas personas que se gastan todo su pequeño sueldo en pagar a otra para que les cuide y a final de mes qué les queda, nada.

Escribiendo este mismo post en la red social beBee recibí un comentario en el que hacía mención a las personas que trabajan en residencias de ancianos y están totalmente olvidadas y mal pagadas, a pesar de desempeñar un trabajo que es muy duro y sólo lo podemos llegar a imaginar los que lo hemos vivido en primera persona.

Para finalizar quiero dar mi agradecimiento a todos aquéllos que se dedican a profesiones relacionadas con la salud y están en contacto directo con los enfermos: médicos, enfermeros y enfermeras, celadores. Sin ellos, su sentido del humor, su atención y esfuerzo, no sería posible salir adelante.

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