Desde pequeña tuve claro lo que quería ser de mayor. Algo que me permitiera ayudar a los demás y la profesión de secretaria por algún motivo que desconozco se interiorizó en mí con muchísima fuerza. Nunca dudé. Siempre quería ser secretaria, eso sí, de alto nivel.

Y paralelamente, también desde muy joven, creí en el poder de realizar el aprendizaje en remoto. Ya hace unos 30 años me compré un curso para aprender francés a distancia. Y realicé con ese método todos los cursos que pude en ese momento. Nadie me entendía. Y lo que no entendía yo era porqué tenía que estar físicamente en un sitio para aprender. Podía optimizar mi tiempo: trabajar por el día y estudiar por la noche a distancia desde casa.

Tuve la suerte de trabajar para presidentes de empresas que siempre apostaban por la  última tecnología. El último modelo de ordenador, el último programa informático. El primer Iphone, yo tuve el primer modelo de Ipad.  Cuando iba en el metro o en el bus me daba miedo que me lo robaran, todo el mundo me miraba. Mi afán de superación me obligaba con mucho gusto a estar al día continuamente. Cierto es, que la tecnología evolucionaba a otro ritmo.

Hubo años en los que yo era una rara avis que me apasionaba mi profesión. Invertía mi dinero y mis fines de semana en estudiar, en pasar mis vacaciones en el extranjero viajando sola y en crecer personal y profesionalmente. Todo ello en unos años en que en España no era muy normal. “Dedicar tu tiempo personal a evolucionar como profesional… ¡qué rara eres!” Sin embargo, cuando me iba a Londres era feliz. Había mucha gente como yo de todas partes del mundo.

Si me paro a pensar, el trabajo en remoto no me resulta nuevo. En 2002 ya empecé a trabajar a la vez con diferentes zonas horarias en el mundo, con delegaciones internacionales. Tuve que espabilar y crear para mis compañeros y para mí unos sistemas propios que eran necesarios para dar respuesta a esa exigencia. Aplicaba la productividad por pura intuición. Ser Executive Assistant de Presidencia me apasionaba. No es nada fácil y además tener a mi cargo un equipo de profesionales es más serio de lo que parece.

Pero hacia 2014 empecé a darme contra una pared. Había cambiado de empresa y las que me encontraba no me permitían seguir con esa evolución. Todo lo contrario. No querían moverse del sitio, les iba muy bien así y para qué invertir recursos y sobre todo dinero en algo que no les iba a mejorar los beneficios.  Estaban totalmente estancados y lo peor es que les gustaba. Soporté la situación como pude, pero cada vez se me hacía más cuesta arriba. Para mí el trabajo “no es trabajo y ya está”. No soy capaz de hacer algo que no me gusta, como no soy capaz de vender algo en lo que no creo. Necesito aportar mi valor.

Y llegó el momento en que hubo un punto crucial en mi vida. ¿Por qué no lanzarme yo sola? Me sentí capaz de asumir riesgos para alcanzar mis objetivos. De ser la protagonista de mi vida. Conocí personas, sobre todo mujeres, que me inspiraron, historias reales de superación que me ayudaron a decidirme.

En 2015 empecé a indagar sobre la asistencia virtual. Al principio me lo callaba, por si me copiaban la idea. Hasta que descubrí que lo mejor es compartir, con sensatez, claro. Nutrirte del conocimiento de los demás es maravilloso.

Con esta nueva profesión el nivel de aprendizaje siempre tiene que estar muy alto, justo lo que más me apasiona. Además me permite dar soporte a otros profesionales, me sigo superando. Cada día, cada nuevo programa o nueva tarea es un nuevo reto.

Con la asistencia virtual puedo cultivar una mentalidad de crecimiento constante. Tener libertad. Viajar. Y lo principal, disfrutar más de mis seres queridos, que durante años tuve olvidados por estar atada a un trabajo en el que las jornadas en la oficina superaban en mucho las 8 horas, incluso fines de semana y vacaciones. Ahora me administro mi tiempo.

Pero no ha sido fácil.

Para empezar he tenido que realizar un gran trabajo de autoconocimiento y de introspección. Saber qué quería, cual iba a ser mi marca personal, ¿cómo lo hago?. Aprender a poner foco. Me dí cuenta de lo poco que me conocía. Siempre iba al ritmo que marcaban los demás, y por primera vez, cuando te lo tienes que marcar tú, te cuesta.

Me quitaba (y me quita) el sueño cómo darme a conocer. Eso me llevó a empezar por mi otra propuesta de valor: event planner. Gracias a ella estoy buceando en el maravilloso mundo del emprendimiento femenino con un evento llamado Aventuras y Networking, podéis leer sobre ello en mi blog. Sin embargo sentía que la asistencia me vibraba muy fuerte y no quería dejarla de lado.

Trabajar desde casa tampoco es todo lo fácil que pueda parecer. Las distracciones, el teléfono, los horarios, todo ocurre en el lugar donde vives. Otro reto a superar.

La salud. Siempre fui de comer verde y sano. Pero claro, los horarios, estar gran parte del día sentada. Es imprescindible una gran dosis de disciplina. Hacer deporte, conectar con la naturaleza. Pensar, meditar. Antes no me daba tiempo a nada de esto.

Todo ello me ha llevado a tener que realizar un gran cambio de mentalidad, que también me ha supuesto otro gran reto. Estoy aprendiendo de grandes profesionales de la productividad nuevos hábitos, nuevos sistemas de trabajo. Estoy en contacto virtual y a veces presencial con otros emprendedores y emprendedoras con situaciones similares a la mía y con proyectos totalmente diferentes. El networking, conocimiento compartido, masterminds… ha inundado mi vida.

En definitiva, aprendizaje constante, tan necesario para mí, además de ser una de las cualidades más valoradas hoy en día.

Y una vez que ya me decidí a tener mi propio proyecto, ser mi propia jefa, quedaba lo más difícil: explicar que es la asistencia virtual. Por lo que estoy viendo hay bastante confusión. No me extraña en una profesión tan nueva.

¿Qué es un asistente virtual?

Tener asistentes y ayudantes no es sólo para las grandes empresas, para los grandes empresarios que se pueden permitir pagar un ejército con despacho, ordenador y vacaciones pagadas.

La asistencia virtual tampoco es sólo para los negocios online, aunque actualmente son los que están más habituados a contratarnos de una forma muy natural.

La asistencia virtual es una forma de vida y una forma de trabajar en remoto siempre con altas competencias digitales . Los asistentes virtuales somos profesionales independientes, con nuestra propia empresa. Somos nuestros propios jefes. Y tenemos clientes a los que damos soporte normalmente por una duración determinada de tiempo. Resolvemos problemas, te ayudamos y tenemos una gran vocación de servicio.

Tú, pequeño empresario o emprendedor, también puedes permitirte alguien que te ayude, tener una mano derecha sólo cuando la necesites.Y tú, gran empresa, si tienes un pico de trabajo también puedes contratar a un virtual assistant sólo para ese momento puntual.

Podemos satisfacer tantas necesidades como tengas para que tú escales en tu negocio, para que tú delegues todo aquello que no es necesario que hagas personalmente, pero que es imprescindible. Para que trabajes en tu Genius Zone y te dediques a ser eso, genial.

¿O crees que muchos de los influencers y personas de éxito que ves por internet se lo hacen todo ellos? ¡Ni hablar! Tienen equipos virtuales. Ya no es necesario estar todos juntos en una oficina cada uno en su despacho.

¿Qué conseguirás?

  • Escalar en tu proyecto. Dedica el 100% de tu tiempo a lo importante: tu empresa
  • Ser efectivo. Porque tú no tienes que hacerlo todo. Mis objetivos son los tuyos y te ayudaré a conseguirlos
  • Optimizar tu dinero. Trabajo por proyecto; sólo pagarás por lo que necesites, horas reales de trabajo. Trackeo el tiempo, de manera que puedes ver informes de cuando empiezo a realizar una tarea y cuando acabo, es decir, de cuánto tiempo real te dedico.

No menospreciemos la palabra “asistencia” ni la palabra “secretaria”, aunque estoy convencida de que las “secretarias básicas” son parte de ese 47% de profesiones actuales a extinguir en un futuro muy cercano. Muy a mi pesar, las máquinas ya las están sustituyendo.

Por ejemplo, ¿conoces Google Duplex? Es el robot con voz humana creado por Google y que presentó en sociedad hace unos días. De forma autónoma, es capaz de hacer reservas telefónicas y agendar citas sin que su interlocutor se dé cuenta de que es un robot. ¿Increíble? No, a mi no me asusta. Lo que me obliga es a  superarme muchísimo más para que mis habilidades y competencias profesionales superen a las del robot; para pasar de ser prescindible a ser imprescindible.

En mi caso, la experiencia en el mundo offline y desarrollarme profesionalmente en entornos de alta exigencia me está permitiendo saber manejar entornos cambiantes como los que  vivimos en estos momentos.

Tengo adiestrada la capacidad de mejora continua. Fuera tareas innecesarias y todo lo que no añada valor al proceso.Lo que aprendo ahora me sirve para ahora y además estoy atenta a lo que está pasando al lado. Flexibilidad. También he desarrollado la optimización de recursos: tiempo y dinero. No gastar más de lo necesario, incluso cuando nadie controle. Comparar precios, elegir las opciones más ventajosas económicamente, tener trucos para aprovechar cualquier ahorro posible. Reciclar lo que se pueda.

Desde hace años me estoy formando en redes sociales, curación de contenidos, PNL, gestión de blogs, wordpress, google analitycs, SEO, SEM, programas de diseño, entre otros, y en todos aquellos sistemas de trabajo que hacen que gestione de forma eficaz tu tiempo y el mío.

Si necesitas que trabaje con algún sistema o programa que aún no conozco te aseguro que rápidamente me pondré al día. Tener la mente ágil para los cambios es una de mis cualidades.

No es un camino fácil, pero necesitaba este reto y sentir el equilibrio entre mi vida personal y profesional. Ahora me quiero más.

Apuesto al 100% por los equipos virtuales.

Si quieres conocer cómo te puedo ayudar echa un vistazo a mis servicios

Y si quieres que hablemos, dímelo y nos tomamos un café virtual.

Carmen Burillo Muñoz
virtual assistant | event planner
carmen@carmenburillo.com
https://carmenburillo.com/

*Foto portada: AdobeStock

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